1 de marzo de 2016

Proyecto Fobia: Capítulo 5: La ola roja

Aquel inesperado y desconocido acceso de rabia, aquella ola roja que lo había ahogado durante unos instantes, había producido un extraño cambio en Augie. Al igual que ocurre en ciertas situaciones límites si se consigue sobrevivir a ellas, la mente del chico se despejó, como si la ola hubiese barrido todos sus temores a su paso. Aunque esta no era la única responsable; en realidad lo era la razón por la que recibió el impacto de la rabia. El conocimiento de su pasado, de su origen. Saber aquella horrorosa verdad había manchado su forma de ser con una prematura actitud de rebeldía, porque ¿quiénes eran ellos después de todo? ¿Quién era esa mujer a la que llamaba madre? Desde luego, ahora sabía que no era su madre, y por tanto, no le importaba lo más mínimo.

En un primer momento, cuando experimentó la rabia por primera vez, este nuevo sentimiento le había asustado. Pero ahora, unas semanas después y tras recibir el impacto de la ola en cada una de las ocasiones en que Alyssa intentaba controlarlo con el péndulo, esta se había ido convirtiendo en parte de su ser, hasta sentirla como cualquier otro sentimiento, como si siempre hubiese estado ahí, atrapada. Augie imaginaba que un león o un tigre —en definitiva, un animal encerrado— debía sentirse tan bien como él cuando la rabia se apoderaba de su alma.

24 de febrero de 2016

Proyecto Fobia: Capítulo 4: La ley de Remprelt

Noviembre de 1988

Una vez que Remprelt colgó el teléfono, situado encima del escritorio de su despacho, se quedó pensativo en la silla giratoria. La noche anterior había sopesado y mucho si darle o no una oportunidad a Stan. En condiciones normales, y desde su etapa universitaria, tenía una intuición estupenda para juzgar la valía de una persona, y su posible peligrosidad hacia sus intereses. Pero Stan se había colado en el grupo al que pertenecían las excepciones. Se había mostrado como un estupendo candidato para el puesto vacante, y había mencionado cosas que a Remprelt le hicieron ver en él un posible nuevo devoto para su proyecto. La entrevista del día anterior había ido bien, hasta que Stan mencionó aquella frase sobre el demonio y su merecimiento de saber la verdad. ¿Quién había dicho aquella frase en el pasado?

17 de febrero de 2016

Proyecto Fobia: Capítulo 3: La vidente y el domador

«No hay mayor dolor que el de acordarse de los tiempos felices en la desgracia», dice Dante Alighieri en su Divina Comedia. Era una de las frases que más triste ponía a Augie, cuando la comprendió en su totalidad. Y es que, él no recordaba momentos felices cuando miraba al pasado. Augie Remprelt siempre había estado sumergido en un espeso lodo de desgracia del que aún no había salido.

En realidad, no conocía mucho de su pasado, aunque lo que estaba claro es que no recordaba nada que encajara en el término «felicidad».

Hasta una noche en la que yacía acurrucado en su cama, después que su madre le mostrara el péndulo, cuando le preguntó si podía ir al cine con Clay y los demás chicos del circo. Solo bastaba con eso para mantenerlo bajo control. En cuanto el péndulo entraba en el campo visual del pobre Augie, una tormenta se desataba en su cabeza, y la palabra «fracaso» brillaba entre el caos. Entonces el chico se subía a la cama y permanecía hecho un ovillo hasta que el mareo se le pasaba, o hasta que vomitaba. Sus padres no le dejaban hacer nada, o casi nada. Augie llevaba cerca de un año sin pisar un suelo que no fuera el del recinto del circo.

24 de enero de 2016

Efecto placebo

Hace un día o así, descubrí que las mentiras son como el placebo. Contienen promesas vacías, pero producen el efecto deseado si no se sabe la verdad. No obstante, la estupidez y la poca autoestima también influyen en el resultado.

Mi nombre es Edmundo Escolano; sí, el apellido fue objeto de múltiples risas, bromas rectales y motes en el instituto, y eso, sumado a mi creciente obesidad, al estrabismo de mi ojo izquierdo, el cual se giraba hacia el tabique de la nariz, y al leve astigmatismo que me obligaba a llevar unas gafas enormes, hacía de mí un blanco tan claro para los demás chicos y chicas como un oso pardo en la nieve para un cazador furtivo.

Todo empezó con una tetera. Sí, la razón por la que voy en este coche, camino de mi nuevo y definitivo hogar es, simple y llanamente, una tetera. Bueno, vale, lo justo sería incluir también al hombre sin ojos y dentadura postiza. De este modo caí, como el bobo que era, en el engaño más viejo y surrealista del mundo. Surrealista hasta que lo vives en tus propias carnes, claro, y en mi caso, este aforismo (o metáfora) es totalmente literal.

9 de enero de 2016

La Historia Terminal

El viejo Bastian entró en la tienda del moribundo Koreander.

- ¿Algo nuevo, superlongevo amigo?

Koreander restaba en su sillón con los ojos en blanco, babeando una viscosa amalgama negra. Respiraba, si más no. En su regazo sostenía un libro abierto. Bastian lo agarró y admiró la portada.
"La Historia Terminal". El Auryn lucía oscuro, cada una de las serpientes se atragantaba con la cola de la otra, las escamas se desprendían como hojas muertas.